lunes, 5 de agosto de 2013

AyB 363 - 21 Febrero 2013

AyB 363 - 21 Febrero 2013







DESAFIOS DE LA VIVIENDA



 
 
 
1 La actual política de vivienda, a través de la Gran Misión Vivienda tiene dos fases. La primera, abarcó los años 2011-2012, en la cual se construyeron 347.000 nuevas viviendas, de la meta de 350 mil. La segunda ya inició y abarca el ciclo 2013-2018, en la cual se planifica edificar 2.650.000 nuevos hogares. Serían tres millones de viviendas en ocho años. Según el Censo, eso es el 36% de las existentes en 2011 (edificadas durante 300 años y más).
2 La primera fase fue para arrancar y preparar la logística y procesos, requeridos para producir masivamente. Por ello la meta fue muy ambiciosa. Sirvió para presionar al sector constructor y a las estructuras internas del gobierno. Se cumplió la meta cuantitativa en un 99% y se organizó el Estado para afrontar la siguiente fase. El primer desafío fue cumplido y exitosamente.
 3 La segunda etapa, 2013-2018, es para consolidar la capacidad y calidad constructiva nacional. Con una meta enorme, 440 mil viviendas por año (promedio). Este sería un colosal segundo reto. Las condiciones parecen estar en acelerado avance para garantizar su ejecución. Es decir, para disponer de tierra apta para uso urbano, financiamiento, insumos, maquinarias, experticia profesional y técnica en los diversos trabajos y procesos constructivos, etc. Pero hay otros fines que son los notables desafíos en esta segunda fase. Veamos los esenciales.
 4 La producción y construcción de obras públicas y de vivienda, en el fondo, son un medio para lograr propósitos de mayor alcance. Ellos son: impulsar la economía productiva (la construcción es su segundo motor); robustecer la industrialización del sector vivienda; ordenar, adecuar y dotar a las ciudades de las condiciones para su racional uso y disfrute (incluye transformar los barrios); estructurar el territorio y potenciar sus atributos ambientales; masificar la formación en la vasta diversidad de saberes y destrezas que exige la producción y mantenimiento de la vivienda; y crear los espacios, y las arquitecturas, conformes para el buen vivir, organización, convivencia y gobierno popular.
 5 Estos son los grandes desafíos de los próximos seis años. En síntesis, construir, transformar, estructurar y embellecer, el territorio, las ciudades y sus barrios, de forma integral y según la visión de los cambios en proceso, radicalmente distinta a la del pasado. Pero debe forjarse una tercera fase. Desde 2018 en adelante, en la cual se afiancen, el bienestar urbano y de la vivienda, y el pleno gobierno popular urbano. En fin, que la vivienda sea una poderosa herramienta ideológica y política para alcanzar objetivos mayores.

 ROL DE ALCALDES Y CONCEJALES (1/2)

Alberto Urdaneta
Estos representantes directos del pueblo, elegidos por votación, a ser renovados en el próximo mes de julio, deben tener una formación que les permita entender lo que es la ciudad, sus problemas y la manera de enfrentarlos a través de los planes el desarrollo y su debido cumplimiento. Tener apreciable recorrido en cuanto a liderazgo social en trabajo con las comunidades. No deben aceptarse paracaidistas o actores improvisados.
Personas por ley obligados a velar por el cumplimiento de los planes urbanos, deberían comprometerse públicamente a velar por ello, a oponerse a sus cambios, tan frecuentes, comunes y dañinos durante la Cuarta República. Tener claro y practicar, conforme lo establece la Constitución la participación protagónica, que significa en concreto repartir el poder, compartirlo, donde las actuaciones del colectivo son definitivamente vinculantes con las decisiones que se tomen respecto al quehacer urbano.
Este principio fundamental en el manejo de la cosa pública es lo contrario a la práctica caricaturesca que se ejercía en la Cuarta, con los Cabildos Abiertos, donde se convocaba al pueblo a exponer sus problemas ante la Cámara Municipal, toda una catarsis colectiva. Después la Cámara resolvía lo cuanto quisiera, sin tomar en cuenta lo expresado por el pueblo. No había vinculación entre lo planteado por la población y lo resuelto por los concejales. Eso tiene que acabarse, ahora es ilegal.
Serán electos para estar al servicio del pueblo, llevar a cabo lo que este plantee en función del beneficio común, no lo que personalmente se les ocurra, debe coincidir con el colectivo, en la búsqueda del buen vivir, mediante el desarrollo correspondiente a las funciones de la ciudad.

NUESTRO TRANSPORTE PÚBLICO

 Tomás de la Barra
 
En un artículo anterior (29/11/2012) utilicé los resultados de una encuesta en hogares de 2005 para romper el mito de que en Caracas hay demasiados carros. La encuesta señaló que sólo representan un 24% de los viajes, 18% son a pie y el restante 58% en transporte público. Una encuesta nacional realizada por Datanálisis (2005), revela que en el país los usuarios de automóvil son menos del 20%. En síntesis, una amplia mayoría utiliza transporte público, más que suficiente para ganar cualquier elección.
 ¿Y cómo es la oferta? Me envían desde el INTT el registro de vehículos de transporte público en el país. Los clasifico por tipo y da lo siguiente:
 
¿Qué quieren decir estas cifras? Que predominan las unidades pequeñas y muy pequeñas, y que son muy viejas. La norma internacional establece que la edad máxima no debe pasar los 8 años. En promedio, en Venezuela son tres veces más viejas que la norma. El 62% son carros de 5 puestos.
Además son muchas, hay sobre oferta. Esto es claro de las cifras presentadas, que por cierto no toman en cuenta miles de unidades piratas, aún más pequeñas y más viejas y las flotas de las alcaldías y otros entes. La norma internacional dice que debe haber un vehículo por cada mil habitantes urbanos, lo cual significa que no deberían ser más de 26 mil. A principios de diciembre conteos de ocupación en algunos corredores importantes de Caracas, constataban que en las avenidas Sucre, Casanova, Libertador, Miranda y otras, a las 7:00 am la ocupación media es del 50%, al tiempo que no cabe una persona más en el metro.
Esta es la triste realidad del transporte público en el país. En toda América Latina se están haciendo grandes esfuerzos para lograr mejoras contundentes. Ya pasaron por lo mismo, y lo están superando. Nosotros también debemos hacer lo nuestro. El transporte público urbano debe ser la otra cara de la moneda de la Misión Vivienda. Necesitamos modernizar la flota, sin duda, pero además hay que generar un cambio radical en las formas de gestión, las instituciones, el marco legal, y sobre todo, la mentalidad, las actitudes, no es posible que la gente se siga calando el patético sistema actual. Si los usuarios de transporte público son mayoría absoluta, ¿por qué no generar el cambio ya?
 

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