miércoles, 1 de mayo de 2013

AyB 288 - 08 Septiembre 2011

AyB 288 - 08 Septiembre 2011







TRABAJAR CANSA


 1 Sobre todo cuando se es obrero en la construcción. Los materiales son pesados y es un gran esfuerzo manejarlos, hay que cargarlos por unos cuantos metros, colocarlos. Frisar exige levantar peso, trabajar con los brazos levantados o agachado. Trabajar bajo el sol tropical. Cuando un joven comienza a trabajar en construcción, por poner un ejemplo, lo hace como obrero de primera, después de por lo menos 2 años pasa a ayudante, allí tiene que trabajar un mínimo de 3 años para llegar a albañil de segunda, y van 5 años, después tiene que fajarse un mínimo de otros 3 años, y van 8 años completos, para llegar a albañil de primera. Todo esto según el contrato colectivo que rige este campo laboral. Por algo la vida “útil” de los trabajadores de la construcción es mucho menor que la de los trabajadores en manufacturas.

2 Otra cruz en la vida de los obreros de la construcción es que su trabajo no es continuo. Una obra se inicia y en ese momento los empresarios comienzan a emplear personal, dura un tiempo y se termina, y todo el personal que todavía trabaja es liquidado, queda cesante. Además los obreros son casi siempre especializados, tanto que en el tabulador de oficios y salarios básicos del contrato colectivo hay 92 oficios diferentes. Por lo tanto no trabajan durante todo el tiempo que dura la obra sino cuando se está haciendo la parte en la que el obrero puede trabajar según su especialidad. Un electricista no trabaja sino en el momento de instalar tableros, cables, tomas y todo lo concerniente a su oficio. De resto está desempleado, salvo que consiga trabajo en otra obra. Como las empresas constructoras no trabajan continuamente no tienen nóminas permanentes de obreros sino que van contratando y despidiendo según las necesidades de la obra. Se exceptúan algunas grandes empresas que tienen capacidad económica para mantener una pequeña nómina donde logran conservar a los obreros de su mayor confianza y rendimiento.

3 El trabajo en construcción es totalmente diferente al de una fábrica industrial, donde siempre se produce el mismo producto de manera permanente, se repiten  siempre los mismos procesos y los obreros mantienen fijos sus mismos puestos de trabajo. En construcción no. Esto tiene varias consecuencias. El volumen de gente clasificada en el sector construcción es muy alto. Según el último “Boletín de Indicadores de la Fuerza de Trabajo” (2º semestre 2009) del Instituto Nacional de Estadística, la población económicamente activa de Venezuela era de 12.420.200 personas de las cuales 1.277.900 (10,3 %) están en construcción. Todas las industrias manufactureras del país apenas tienen un poco más de 1.514.600 (12,2 %). Lo inaudito y característica de la construcción es que el porcentaje de desempleados duplica el porcentaje que presentan todos los otros sectores, que anda alrededor de 6 a 7 %. En construcción llegaba al 14,6 % mientras que en manufactura estaba en 6,4 %. Esta enorme tasa de desempleo a su vez tiene otras consecuencias.

4 Entre el ejército de desempleados y la escasez de puestos de trabajo inevitablemente aparecen mediadores, los Sindicatos que en este sector son muy poderosos. Según el Contrato Colectivo las empresas de construcción tienen que contratar por lo menos el 75 % de sus trabajadores de la lista que les presenta el Sindicato. Esto les da a los Sindicatos un gran control sobre la asignación de empleos. Como la demanda de trabajo es mucho menor que la oferta, inevitablemente aparecen prácticas ilegales. Se dice que se le cobra a un trabajador desempleado para facilitarle un empleo. Se dice que las cuotas que pagan los obreros obligatoriamente por ley son más del 2 % establecido. No es sorprendente entonces que con cierta frecuencia aparezcan sindicalistas muertos a manos de sicarios. Esta, poco más o menos, ha sido la situación en Venezuela desde 1960.

5 Pero hay dos Venezuelas. La formal, institucional, que aparece, es la representada, la dominante, que impone su ideología y su hegemonía, y que es muy real y concreta. La otra es la informal, marginal, excluida, que casi no aparece, casi nunca es representada, que absorbe y puede rechazar a veces la ideología dominante y trata de sacudirse su hegemonía, pero que también es muy real y concreta. En la Venezuela formal hay estratos dominantes y dentro de esos estratos se forman las empresas que tienen los conocimientos, la experiencia y el financiamiento que les permite ejecutar grandes y pequeñas obras con el esquema que se describió en la primera parte de estas notas. Necesitan obreros y los contratan, casi todos, a través de los Sindicatos. Discuten con los Sindicatos y firman las convenciones colectivas de trabajo, que no son del todo malos para los obreros, tienen sus ventajas para ellos, pero en fin de cuentas garantizan la confiscación de la plusvalía, los excedentes por las empresas, lo cual es propio del sistema capitalista. Esta es la práctica de la construcción privada, de los conjuntos residenciales y urbanizaciones privadas, de las fábricas y las oficinas, etc.

6 Pero es la misma en la construcción pública. Los gobiernos normalmente le contratan a las empresas privadas las obras que construyen: hospitales, escuelas, viviendas de interés social, autopistas, acueductos, aeropuertos, etc. En algunas ocasiones, hace mucho tiempo, hubo excepciones, en el Banco Obrero y el Ministerio de Obras Públicas, que asumían directamente las construcciones a través de una administración directa o delegada o también como la promoción de la autoconstrucción, pero han sido experiencias casi únicas y sin continuidad. El caso de Vivienda Rural fue una modalidad completamente diferente y de mucho interés.

7 Estas experiencias, lo que ha pasado en la segunda Venezuela, la informal y marginal, y los intentos de transformación que ha puesto en práctica el gobierno revolucionario, especialmente con la Gran Misión Vivienda Venezuela, serán el tema de otra nota que pronto aparecerá en UN.

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