miércoles, 1 de mayo de 2013

AyB 291 - 29 Septiembre 2011

AyB 291 - 29 Septiembre 2011








El primer verso del hermoso y famoso “Romance Sonámbulo” de Lorca podría servir de lema para los miles de millones de terrícolas que deseamos que su maravilloso planeta regrese a su condición de paraíso terrenal, que se detenga y se revierta el proceso iniciado por la Revolución Industrial y que amenaza con transformar a la Tierra en un cementerio desierto. Este proceso, motorizado por poderosos intereses privados, por supuesto que ha seguido adelante, pero simultáneamente ha ido generando la oposición contra él.

En Venezuela la preocupación por el equilibrio entre las zonas construidas y las áreas verdes de la ciudad apareció muy tardíamente. En Caracas, la ciudad más importante, no existió por mucho tiempo, ningún tipo de disposición legal que regulara esta relación. Hacia 1926 las normas que regulaban la construcción estaban en la Ordenanza de Policía Urbana y Rural, pero ya antes la ciudad comenzaba a sacar tentáculos: El Paraíso de la clase media alta, el Guarataro, uno de los primeros barrios, y se había comenzado a desarrollar el Caracas Country Club, para la clase más alta que ya no se sentía cómoda en las grandes casonas del centro de Caracas. En las siguientes décadas Caracas aumentó su población, de 258.500 en 1936 a 354.100 en 1941 a 693.900 en 1950. Pero todavía para esa fecha predominaban ampliamente las áreas verdes alrededor de la ciudad ya que el área urbanizada había pasado de unas 26.000 Ha. en 1936 a sólo unas 34.299 en 1950. Hasta ahí llegó esa condición ya que para el 71 llegaría a 313.000 (De Lisio, 2001).

Para 1961 Caracas duplicó su población, su Área Metropolitana llegó a 1.336.500 y para 1971 la volvió a aumentar vertiginosamente hasta 2.184.000 y 2.879,000 en 1981. Allí más o memos se estancó pero el mal estaba hecho. El valle principal y los secundarios estaban repletos de gente que, también por razones de pobreza, comenzó a invadir las colinas y montañas. Como síntoma alarmante el Country Club se mudó para La Lagunita. El Estado tenía que intentar mediar en aquel desastre ecológico y el derrumbe de la calidad de vida. En 1972 se decretó la Zona Protectora de Caracas que establecía un anillo de parques nacionales, Parque El Ávila y Parque Macarao especialmente, para tratar de frenar el crecimiento de Caracas. Como de costumbre la intención estatal de buscar alguna equidad fracasó ante la presión de los intereses privados y en 1993 el Reglamento de Uso de la Zona Protectora permitió desarrollos residenciales que dieron al traste las buenas intenciones. Sin contar las invasiones populares que han ocupado terrenos de los Parques Nacionales.

Con todo ese desbarajuste los Parques Nacionales son tan grandes y las fuerzas que impulsaban el crecimiento poblacional de Caracas se han deteriorado tanto que todavía es importante la reserva de área verde disponible. Pero hay que profundizar un poco en el asunto para ver de inmediato que el problema es complejo. Las grandes áreas verdes que ofrecen los Parques Nacionales son aptas para recreación pasiva, parques zoológicos, jardines botánicos, camping, paseos y similares. Pero se necesitan además muchos otros tipos de áreas verdes. Por lo menos es necesario considerar que además deben existir  parques infantiles-campos de juegos para niños de 1 a 5 años, de 6 a 11 y de 12 a 15: Canchas y campos de deporte informal y educación física para toda la población; Canchas y campos de deporte de entrenamiento y otras para Deporte de competencia; Pequeñas áreas libres para paisajismo y descanso; Plazas-parques comunales; Plazas-parques vecinales; Grandes plazas cívicas, Bulevares y pare de contar. Los grandes déficits en Caracas y las mayores y medianas ciudades del país corresponden a aquellas áreas que indicamos antes.

Lamentablemente la mentalidad dominante no tiene un conocimiento claro de esta situación y toda la opinión pública presiona por la creación de áreas verdes pero pensando en áreas verdes de recreación pasivo, cuyo ejemplo más típico es el Parque Miranda. Hay muchos que claman porque los terrenos del aereopuerto de La Carlota sean integrados al Parque Miranda y tener así un grandísimo parque de recreación pasiva, cuando áreas de este tipo sobran y lo que hacen falta son áreas verdes para recreación activa. En Caracas hay un déficit tremendo de campos y canchas para deporte informal y educación física. A este déficit se añade el no menos gran déficit de canchas y áreas para educación física que existen en las escuelas. Son contadas las escuelas públicas o privadas que en Caracas cuentan con sus indispensables áreas deportivas.

En Europa los índices de áreas verdes por persona, en las grandes ciudades, oscilan entre unos 15 a 25 m2. por persona, pero en un alto porcentaje esa extensión es para recreación activa. En Varsovia sobre 18 m2. por persona 15 son para recreación activa, en Ámsterdam sobre 27 por persona 15 son para recreación activa. En Venezuela la norma vigente es del Ministerio de Desarrollo Urbano 1985, la cual establece 9 m2. por persona de los cuales 4,5 m2. son para recreación activa. En la práctica las urbanizaciones privadas se hicieron en su mayoría antes de 1985 y no cumplen con las normas. Los barrios por supuesto que carecen de canchas y campos para recreación activa. El Banco Obrero, actual INAVI, aplicó entre 1960 y 1980 un índice de 12,4 m2. por persona para áreas verdes de los cuales 7,4 eran para recreación activa, y en un principio se reservaron los terrenos para ese fin, aunque posteriormente, por desgracia, se les diera otro uso.

La conclusión del diagnóstico es negra. Déficit inmenso. De allí el llamado repetido muchas veces desde esta página para un programa audaz: Cien centros deportivos para Caracas. Repartidos por toda la ciudad. Uno para cada diez Consejos Comunales. Toda nuestra juventud actual y futura lo agradecería para la eternidad.


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