martes, 9 de abril de 2013

AyB 212 - 04 Marzo 2010

AyB 212 - 04 Marzo 2010

Akejandro López y Alfredo Roffé
acerasybrocales@gmail.com
 

SABER HACER


 

El 26.2.10 Ultimas Noticias publicó un reportaje que obliga a reflexionar. En Guarenas-Guatire “1.325 viviendas estarán listas en primer semestre de 2010”. En Ciudad Belén, proyecto de miles de vivienda, los primeros 200 apartamentos se ofrecieron para 2008 y todavía no están terminados. Las Mandarinas II van a paso de tortuga desde 2007, en 2009 entregaron 2 bloques y los otros 2 están pendientes. La segunda etapa del Bosque del Ingenio está cruda. En Las Nereidas 3 bloques se ofrecieron para 2008 y tal vez se terminen este año. No hay más informaciones. Aparentemente las 1.325 viviendas tienen dos o más años en construcción y están guindando. ¿Qué pasa? ¿Cómo es posible un retraso tan enorme? Este es un botón de muestra. ¿Se han perdido en la rica travesía todos los sistemas y mecanismos de evaluación, de inspección, de contraloría, y de las correcciones y ajustes necesarios para cumplir las metas? ¿Es así? Uno se pregunta en medio de la parálisis material ¿Hay metas? ¿Dónde están? ¿Cómo evaluar si no hay parámetros de evaluación? ¿En dónde está ahogada la planificación? El progreso de la humanidad se ha sustentado históricamente en la acumulación de los saberes. Si cada día el hombre partiera de cero y sólo aprendiera de la experiencia del momento todavía andaríamos en 4 patas. Al lado de la actual efervescencia ideológica se vislumbra un avance peligrosísimo a la entropía, la parálisis, la muerte también del pensamiento que después de todo también es materia. El dominio de la praxis es imprescindible para la vida de la teoría.

Las puertas de entrada

Las puertas de entrada a los pueblos de la provincia deberían ser cuidadas por sus autoridades como se cuida la entrada de la casa de uno. Pues ocurre lo contrario, las entrada de nuestros pueblos, muy en especial los de Oriente, donde se supone que los viajeros deberían encontrar allí el rostro sonriente y acogedor de la población cercana, son el lugar donde se concentra toda nuestra capacidad para acumular las expresiones más visibles del desorden, de la suciedad, y de la más completa incultura funcional y estética. En el territorio de nadie de las entradas de los pueblos, sin un árbol y mucho menos una flor, entre camiones y gandolas, paradas de autobuses, desastradas bombas de gasolina, vendedores de lo que sea, bares y cafetines de mala muerte, baños de susto, en la mugre del contexto más insalubre e inhóspito, se expresa de manera cabal nuestra indiferencia o resistencia a acometer la tarea de ordenar el territorio, a mantenerlo pulcro y acondicionado, a construirlo con cariño porque es de todos.

¿No será posible, si los alcaldes no son capaces de ocuparse de ese problema, que los gobernadores, tan dados en exhibir sus rostro sonriente en las vallas, le pongan atención a un factor tan significativos inclusive para el turismo?

DESVELOS

Hay dos síntomas gravísimos de la vida diaria. Ambos, obvios y constatables, evidencian, con exageración, lo reconocemos, la cercanía o posible quiebre institucional-ético ¿Por qué? Porque su impacto, además de ser en lo físico, material, es moral, intelectual, ético e inclusive, afecta la salud mental de muchos. Lo cual resquebraja la respuesta individual para afrontar y sostener colectivamente el modo de desarrollo que queremos ¿Cuáles son?

  • La arbitrariedad e impunidad de buena parte de los motorizados. Es absurda, irracional e incomprensible, la supremacía que tienen sobre las personas y más aún, sobre las autoridades. La calidad de vida en Caracas está peligrosamente determinada por el comportamiento de esta “clase motorizada”.
  • Tramitar un servicio público (y privado). Es inconcebible la habilidad institucional para complicar, dificultar y provocar la desidia y desánimo, para actualizar documentos, placas, solvencias, permisos... Las colas, los procedimientos, la información, los papeleos, son tan irracionales que ahuyentan hasta a “Rambo” y al terrible “Hulk”. El tiempo y la capacidad humana, perdida en “tramitar algo”, debería ser para la productividad, la recreación sana y formadora, el descanso recuperador y la solidaridad. Simplifiquemos y después, ¡simplifiquemos!


No hay comentarios:

Publicar un comentario