lunes, 15 de abril de 2013

AyB 245 - 28 Octubre 2010

AyB 245 - 28 Octubre 2010




EMERGENCIA HABITACIONAL


Se acaba de declarar la emergencia en vivienda y están elaborando la ley respectiva. Hay poca información y detalles. El Presidente la asume directamente y declara la creación de un “Estado Mayor de la Vivienda”. Se habla de acelerar los trámites y recursos, disponer de inmediato de los mejores terrenos, estimular a las empresas nacionales y una alianza con el sector privado que sea “serio y responsable”. Todo ello para que la próxima década sea la de la “revolución de la vivienda”. Valen algunas reflexiones.

Es oportuna. Debió decidirse tiempo atrás. Quizás en los años 70, durante la cuarta república, pero las pésimas formas de hacer política impidieron la sinceridad y la modestia para reconocer el desastre habitacional. La quinta república heredó esa realidad. No se le dio la importancia debida y se confió en las buenas intenciones y ciertos espejismos. Desde el inicio de este proceso las actuaciones fueron coyunturales y sin prioridad. Alertas y argumentos hubo. Propuestas alternativas hubo. Oídos sordos hubo. Exclusiones hubo. Puertas cerradas hubo y hasta descalificaciones a los señalamientos para cambiar el rumbo al ineludible fracaso, hoy reconocido.

Ahora, felizmente, se encara con valentía no sólo el fracaso en sí que es importante, sino a las políticas y esfuerzos infructuosos realizados. Se deben decidir nuevas acciones creativas y radicales que superen la política hasta ahora aplicadas. Es loable esta actitud. Así se actúa cuando la estrategia no responde a los objetivos, resultados e impactos deseados y esperados. Cualquier política debe evaluarse y reformularse según sus avances y consecuencias. En vivienda se puede dar un salto cualitativo con esta emergencia.

 

¿QUÉ HACER EN LA EMERGENCIA?


1Revisar las instituciones, lo hecho y sus resultados. Evaluar todo. Determinar nuevas premisas para una fresca gestión urbana y en vivienda. Validarlas con actores plurales hasta ahora excluidos. Aprovechar las reservas humanas, organizativas y potenciales propios, no utilizados.

2 Entender que el tema urbano y de la vivienda es de largo alcance. Que la emergencia no lo resolverá. Pero si facilitará formular en corto tiempo las líneas maestras de políticas, las acciones a decidir, y reunir a quienes deben participar, con variados roles y responsabilidades, en el largo proceso de planificar, ejecutar y controlar una política urbana y de vivienda eficaz, cuyos efectos, es hora de comprenderlo, se verán en 3, 6 y 10 años.

3 Asumir de una vez por todas que la tierra es un insumo clave y es insuficiente facilitar su adquisición. Debe hacerse planificadamente en aquellas ciudades y regiones según las prioridades de desarrollo y demanda de vivienda. Su obtención y habilitación debe anticiparse y disponerla para atender las metas quinquenales de los diversos programas de construcción de viviendas de los actores públicos, privados y comunitarios.

4 Entender que hay otros insumos: materiales, maquinarias, tecnologías, sistemas constructivos, participación profesional, técnica, obrera y comunal, proyectos, servicios, equipamientos, transporte y vialidad, pluralidad de modos y relaciones de producción y fuentes de empleo. Todos deben estar debidamente previstos en su adecuada escala y proporción en todo plan y en todo programa urbano y de vivienda.

5 Reconocer que la ciudad es el objetivo primario, ella en el territorio y su relación con las otras áreas de desarrollo como la agricultura y la industria. La vivienda es un componente muy importante pero sola no satisface la calidad de vida que la población requiere y aspira, que al final es lo deseado.

6 Reformular la priorización y rol comunal para la adjudicación de las viviendas, así como para el manejo y mantenimiento de los desarrollos urbanos.

7 En fin, hay que romper mitos y quimeras, reestructurar instituciones, cambiar estrategias, incluir a los mejores, establecer reglas de juego claras y actuar con contundencia, honestidad, profesionalismo, mística y hacerlo con y para las comunidades.

 

¿QUÉ NO HACER EN LA EMERGENCIA?


ü  Mantener la visión inmediatista, coyuntural y dirigida a la vivienda y no a la ciudad y calidad de vida urbana.

ü  Entender la planificación y los planes como listas de proyectos.

ü  Obviar la diversidad de respuestas a la diversidad de demanda. Hay que erradicar el mito de la vivienda “completa” de 75 m2, tres dormitorios y dos baños y el de la vivienda propia. La alquilada tiene una necesidad y demanda que debe considerarse.

ü  Creer que las necesidades habitacionales las resuelve el gobierno sólo, y construyendo las viviendas, descuidando, hasta eludir, la accesibilidad, vialidad, transporte, servicios y equipamientos.

ü  Pintaderas, remodelaciones y ampliaciones de viviendas que la gente puede hacer por su cuenta con la debida asistencia.

ü  Continuar con la insólita ineficacia institucional para hacerle el seguimiento, controlar y llevar estadísticas actualizadas, de los avances, resultados e impactos, de la gestión urbana y habitacional.

ü  Confiar que la emergencia y la ayuda foránea son una panacea. El problema es complejo y requiere antes que nada conocerlo y entenderlo desde nuestras potencialidades.

ü  Desnacionalizar la industria de la construcción con importación de tecnologías, recordemos que era casi 100 % nacional.

 

EPÍLOGO

Hay que superar con audacia la arraigada creencia de que se pueden satisfacer las necesidades en poco tiempo y con viviendas “completas”. El llamado déficit, por cierto inútil y confuso, será imposible atenderlo con unidades “completas” por un buen número de años. La vivienda es un proceso progresivo con fases para completarla, que dependen del desarrollo integral del país y de las capacidades y oportunidades de las familias. No más espejismos y metas inalcanzables por no tener las condiciones ni los recursos necesarios. Por varios años hay que producir viviendas de desarrollo progresivo para que las familias las terminen. Por eso insistimos en urbanizar al país y entregar tierra habilitada con servicios y equipamientos a las comunidades organizadas para que construyan gradualmente su hogar según sus circunstancias. Ojala la emergencia sirva para cambiar la concepción ideológica de la ciudad y la vivienda. ¡Y mucho cuidado con suponer que leyes o decretos resuelven los problemas!

¿Qué pasará ante un sismo y cómo se les atenderá? Petare Norte. Cortesía de Aceras y Brocales.

La pobreza a corta, mediana y larga distancia. Barrio en Vargas. Cortesía de ALEMO.






También sucede en urbanizaciones. Barquisimeto 2008. Foto recibida por Internet.

 
 
 
 

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