martes, 12 de marzo de 2013

AyB 119 - 17 Enero 2008

Ultimas Noticias | Jueves 17 de Enero de 2008


Henrique Hernández / Alejandro López /Juan Pedro Posani / Alfredo Roffé

acerasybrocales@gmail.com

Desinformación, opacidad, corrupción


Una de las mayores fuerzas antagónicas de la revolución, lamentablemente encastrada en ella, es la desinformación. Se pierde así el poder extraordinario de la información transparente, que podría ser uno de los grandes motores que la impulsaran.

Dar a conocer masivamente en su verdadera dimensión los logros alcanzados y también los problemas que han surgido, entusiasmarse y seguir adelante con los logros y discutir los problemas para encontrar soluciones participativas y colectivas.

En el gobierno socialista revolucionario está presente de manera apabullante y hasta obscena una propaganda desaforada pero no hay información transparente, veraz y oportuna. Por ejemplo, continuamente vemos en los avisos de la Alcaldía Mayor la efigie de Juan Barreto y la vemos pintada hasta en los vehículos de servicio público.

Las amenazantes consignas del Seniat repetidas una y mil veces en las fachadas públicas y hasta en el piso y los trenes del Metro. Consignas que nada informan sobre la revolución socialista y atosigan al pueblo, que en su inmensa mayoría no paga impuestos. Y así muchos más casos. ¿En qué impulsa y apoya la creación de la conciencia socialista este abuso publicitario? Todo lo contrario. Es un martilleo incesante, embrutecedor, de consignas vacías y de la imagen de personajes insignificantes que están donde están por haber sido designados por el Presidente. En el sector vivienda y hábitat, que es nuestra preocupación central, sucede lo mismo. No hay información de ningún tipo. En verdad en general hay poca propaganda, pero la que hay es distorsionada y manipulada. Muy de cuando en cuando se anuncia que se terminaron 500 o 30 viviendas, pero se ocultan las cifras generales de metas y ejecuciones, de costos e inversiones. Se da una cifra parcial, haciéndola pasar como representativa de la totalidad cuando no es así. ¿A quién favorece la falta de información transparente, veraz y oportuna? A quienes desean ocultar su ineficiencia, su ineptitud y probablemente su corrupción. Hay una resistencia pasiva para dar información real, hay un boicot y hasta su destrucción. A principios del 2007 el ministro de Vivienda dio una cifra de 79.108 viviendas como meta global para el año. ¿Cuántas se hicieron? No hay información. Según la Cámara de la Construcción, el Gobierno hizo sólo 36.680 en tres trimestres. ¿Y entonces? ¿Es cierta la estimación que circula, no oficial por supuesto, de que cada vivienda costó 250 millones de bolívares "débiles"? Es necesario revisar la política informativa de la revolución socialista, es necesario rectificarla y reimpulsarla.

¿Cuándo veremos las tres R en vivienda y hábitat?


Colectivizar la gestión urbana y de vivienda

Un aspecto relevante y coincidente en la gestión urbana y de vivienda es la fauna diversa que decide. En las ciudades actúan alcaldías, cabildos, gobernaciones, gobierno central, privados, vecinos, taxistas, buhoneros, motorizados y el ciudadano común. Todos andan por su cuenta. En ocasiones se juntan para algo puntual, pero predominan la ineficiencia y el desorden. Las calles y aceras, por ejemplo, red estructurante de la ciudad, son privatizadas por asociaciones de vecinos o invadidas por buhoneros, mototaxis, etc. La ciudad refleja anarquía por doquier.

El caso de la vivienda es insólito. Todo el mundo construye. El Ministerio de la Vivienda, sus adscritos, otros ministerios, empresas públicas, gobernaciones, alcaldías, promotores y constructores, comunidades, y los que no tienen techo, que arman más viviendas que todos los anteriores.

Además, dueños de casa o edificio, amplían según se les antoje. Impresiona la duplicación habitacional en barrios, urbanizaciones y edificios.

Muchos actúan, como debe ser por cierto, en la gestión urbana y de la vivienda. Lo grave es la ausencia de coordinación y definición de responsabilidades, competencias, ámbitos, niveles y grados de actuación, y al ejecutar planes, programas y proyectos desactualizados, sin complementariedad ni control ni evaluación de impactos, los resultados están lejos de lo deseado y esperado.

Hay que crear mecanismos para corregir esto. Un primer paso, aparte de diagnósticos y revisiones indispensables, para lograr mayor eficiencia, es agrupar a los actores. Ejemplos: si las 335 alcaldías se asocian para intercambiar y coordinar políticas, planes, experiencias, enriquecerían sus visiones, rectificarían fallas y potenciarían logros. Pudieran intercambiar experiencias de otras realidades, algunas muy útiles para las nuestras. Si los institutos municipales y estadales de vivienda crean una confederación para conciliar y complementar sus actuaciones con las del poder nacional, normalizar y sistematizar programas, proyectos, tecnologías constructivas, etc., sería otro el cantar regional. Impactaría las metas de viviendas, una asociación nacional de productores comunitarios de componentes para la construcción popular. Igual ocurriría con las pequeñas organizaciones de constructores populares.

En estos dos últimos ejemplos, el Ministerio de Ciencia y Tecnología sería un articulador invalorable, dada la base tecnológica e innovadora que pudiera facilitarles.

Integrar y coordinar a los hacedores de ciudad y de vivienda sería un paso clave para superar el desorden y la ineficiencia pública en el transporte, la buhonería, la inseguridad, la basura, los espacios públicos y la vivienda en sí.

Es hora de que cada quien asuma sus funciones y las cumpla con decisión. De ser así, algunos hubieran evitado hacer el ridículo en el Aló Presidente Nº 300.

Cifras aterradoras

Según el director de Riesgo de la Alcaldía de Libertador (El Universal 11/01/2008) en Antímano hay 210 mil personas en situación de riesgo. Unas 50 mil viviendas. Hace poco comentábamos en esta página la extraordinaria e intensa des-urbanización de Venezuela. Ante la bajísima producción de viviendas en terrenos bien urbanizados, la población marginada construye sus propias viviendas en terrenos no urbanizados. Unas 90 mil viviendas al año. En cualquier terreno. Esta situación no es nueva, se ha ido dando por más de 50 años y los efectos son acumulativos. Así, por ejemplo, barrios sobre terrenos relativamente estables, por causa de las aguas negras y de lluvia que corren libremente se han ido desestabilizando y pasando a la condición de riesgosos. El número de damnificados crece todos los años. La cantidad de viviendas que alojan población que a corto o mediano plazo pasará a la condición de damnificada también crece. La capacidad de respuesta del Estado ante esta oscura perspectiva sigue siendo mínima. Total, muchísimos Antímanos a la vista. Mientras tanto, el Ministerio de la Vivienda, el de Infraestructura y el del Ambiente tranquilos, creyendo que la contratación con empresas privadas es la solución. No entienden que vivimos una situación de crisis y que la única solución es liberar las fuerzas productivas populares y transformar radicalmente las relaciones de producción. Hay que llegar pronto a la producción comunitaria de viviendas y hábitat, y el papel del Estado en este proceso es fundamental.
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