lunes, 18 de marzo de 2013

AyB 133 - 01 Mayo 2008

Ultimas Noticias | Jueves 01 de Mayo de 2008


Henrique Hernández Alejandro López Alfredo Roffé

acerasybrocales@gmail.com


Dos diferentes maneras de ver el futuro



Siempre es conveniente ver lo que pasa alrededor de uno. Es una buena manera de entender mejor dónde se está parado. Y nosotros, en Venezuela, estamos parados encima de un tremendo pozo de petróleo. Codiciado y envidiado por la mitad del mundo. Así que no está de más observar cómo se comportan los que se encuentran en situaciones parecidas. Por ejemplo, los países árabes, entre ellos Dubai, al cual nos hemos referido en otras ocasiones. Resulta que allí se están dando algunas experiencias muy interesantes que pueden dar lugar a diferentes interpretaciones de lo que puede ocurrir y lo que debe hacerse cuando el petróleo deje de ser la fuente de energía principal que mueve el mundo. Para Dubai, una vez agotadas las reservas de petróleo, aparentemente no quedará sino la alternativa de convertirse en una especie de refugio para ricos supervivientes, esto es, turismo exótico para la high y promesas de lujo en el desierto.

Noticias recientes iluminan dos maneras de proceder dentro de esa perspectiva: se le ha encomendado a dos diferentes grupos de arquitectos la tarea de diseñar dos nuevas zonas de la ciudad de Abu Dhabi, en dos sitios diferentes: uno en la periferia, casi en el desierto; el otro en el mar, en tierra rescatada artificialmente. Las dos soluciones son enteramente distintas y atienden a dos maneras opuestas de entender y, por lo tanto, de proyectar. La de la periferia la vimos con más detalles en esta página (ÚN, jueves 28/2/08). Foster apostó por una concepción urbana a escala humana, altura máxima de cuatro pisos, totalmente peatonal, pero con un buen sistema flexible de transporte público, agua que correrá por las calles sombreadas, energías alternativas, etc.

El arquitecto holandés Rem Koolhaas, en cambio, quiso repetir en Abu Dhabi el modelo neoyorquino de Manhattan, que tanto lo sedujo en el pasado. En un sector rodeado de mar, completamente cuadriculado, rascacielos de todas las alturas posibles, apretados entre sí como un manojo de lápices afilados, anuncian un selecto porvenir de riqueza para privilegiados. En una esquina, un edificio con la forma de una ridícula pelota descomunal parece querer recordar, una vez más, que ya la arquitectura de la opulencia no es sino asunto de capricho y de espectáculo.

Dos maneras, pues, de plantear el destino de la ciudad del futuro.

Una al servicio de los supervivientes del fin de la era del petróleo. Los que se salvaron tendrán la opción razonable y sensata de la ciudad ecológica y autosustentable. La otra, en cambio, como en el derrumbe del imperio romano, es la de quienes querrán morir en el lujo y el derroche, el derrape final.

Lección para nosotros: aquí también debemos asumir a nuestra escala el reto de un futuro cercano en el cual el petróleo es de un valor inmensamente creciente. Lo que precisamos con urgencia es un profundo cambio de mentalidad: abandonar la del país rentista y derrochador para asumir la de un país que ahorra combustible, usa energía renovable y alternativa, recicla y construye un mundo más justo y racional.

Nuestras ciudades, nuevas, viejas o en proyecto, deben ser sustentables y ecológicas, y en todo caso bien diferentes de las de los supervivientes privilegiados, sensatos o enloquecidos.


"La miseria se expresa en la ranchería"

El Aló, Presidente del 30/3/2008 fue un magnífico escenario sobre la vivienda. El Presidente mostró una visión estratégica, exigiendo multiplicar las plantas de insumos, es decir, resaltó la indispensabilidad de los medios de producción para construir viviendas (le faltó mencionar la tierra).

Instó a "incrementar el ritmo de sustitución de la ranchería por comunidades", privilegiando lo cualitativo.

Exigió que "donde quiera que hagamos una casa, tenemos que pensar en el proyecto productivo". Destacó la calidad de la vivienda en sí, su tamaño y su posibilidad de crecer. Afortunadamente, gracias a María Magdalena, decimos, está superando los estáticos 70 m² por vivienda al asomar la necesidad de ampliar esos primeros metros.

Pero, por otra parte, la política que se sigue ha convertido a la vivienda en un objetivo en sí misma, descuidando, entre otras cosas, la calidad de las agrupaciones. Si observamos los diseños de los conjuntos de viviendas, incluyendo los de Petrocasa, las casas se implantan en el terreno en perfecta formación, como solíamos hacer la fila en primaria antes de entrar a clases ("orden cerrado"). Es decir, casitas sobre la calle, distanciadas unas de otras con pequeños retiros (inútiles y contra la privacidad), diseño que no pasa el más elemental análisis de eficiencia porque requieren más calles y, por lo tanto, más redes de servicios, más aceras, etc., siendo más costosos; al costar más, se atiende a menos familias. Cabría preguntar: ¿Por qué son tan malos los conjuntos de viviendas? ¿Por qué se incumplen las metas anuales? ¿Por qué a pesar de todo el esfuerzo la política en vivienda sigue cojeando gravemente? Una respuesta es que el Gobierno está haciendo lo que la comunidad puede hacer: las casas (Petrocasa se enorgullece, y lo ha demostrado, que esa tecnología es apropiable por la gente). Pero se descuida lo que la gente no puede hacer: urbanizar. Por eso, el territorio está siendo "urbanizado" por invasores (en general pobres y desesperanzados, pero en el sureste de Caracas por la clase media profesional que, sin control local, llena los cerros de "quintas"). Es hora de que el Gobierno asuma con prioridad la planificación del territorio y de las ciudades, adquiera tierra, urbanice, construya los equipamientos (escuelas, centros productivos, parques, etc.), impulse la industrialización de la construcción y cree un programa nacional de asistencia técnica, para que la gente organizada construya las casas.

Ojalá que en el comprometido Aló, Presidente en Güigüe (julio de este año) el Presidente inaugure El Despertar Bolivariano, comunidad de Petrocasa, pero sin una sola casa, que sólo esté terminado el urbanismo, el kínder, el centro productivo, la casa comunal, el parque, etc., y que haya un montón de mujeres y hombres construyendo las 706 viviendas de Petrocasa con la asistencia técnica de esa empresa. En un buen diseño de conjunto, con base en condominios, por ejemplo. De esta forma, se concilian y potencian las capacidades y recursos del Gobierno y de la gente.

Cada cual hace lo que debe y puede hacer. ¿Por qué no probar urbanismos dentro de distintos enfoques como el sugerido? ¿El socialismo no implica nuevas vías?




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