miércoles, 27 de marzo de 2013

AyB 146 - 31 Julio 2008

Ultimas Noticias | Jueves 31 de Julio de 2008


Henrique Hernández Alejandro López Alfredo Roffé
acerasybrocales@gmail.com

Mercado socialista vs. planificación capitalista


 
El mundo al revés. Tradicionalmente, se ha reconocido que al sistema capitalista corresponde una economía de mercado, libre, donde el Estado no intervenga y donde el libre juego de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción mantiene un equilibrio dinámico donde, más o menos, se mantiene la situación existente: los ricos siguen siendo ricos y los pobres pobres.

Como los ricos también manejan el poder político e imponen su pensamiento hegemónico, es decir, aceptado por los pobres, las cosas medio andan sin grandes conflictos. El siglo XX vio que a través del comunismo, y sobre todo de la socialdemocracia, las distancias extremas entre ricos y pobres se reducían. A través del Estado, parte de la riqueza pasaba a los pobres y los conflictos se hacían menos agudos.

En 1926, nueve años después de la Revolución, los bolcheviques reconocían que la Unión Soviética todavía vivía con un sistema de mercado, asociado tradicionalmente al capitalismo, en medio de una aguda pobreza. Ese año en la Unión Soviética, se formula el primer esquema del Gosplan, la idea de una economía planificada, fuertemente intervenida por el Estado, que al eliminar el libre mercado conduciría a una repartición equitativa de la riqueza y a la desaparición de ricos y pobres.

Todos serían iguales. En 1929, se aprobó el Primer Plan Quinquenal de la Unión Soviética. Eran años de grandes polémicas internas y de la existencia de tendencias, partidos y grupos a veces antagónicos.

Todavía Trotzki podía capitanear la Nueva Oposición.

Triunfó la tesis de la industrialización y la colectivización aceleradas y coercitivas, que llevarían a la Unión Soviética a los primeros rangos entre las potencias mundiales. El costo fue elevado. Stalin logró el poder absoluto. Desapareció la libertad del pensamiento.

Desaparecieron muchas otras cosas importantes. En algunos países occidentales, por esos años, se incubaba el fascismo y el nazismo. Vino la II Guerra Mundial, donde demócratas y comunistas aplastaron el fascismo. Enseguida, el conflicto se planteó entre ellos.

La Guerra Fría. La Unión Soviética no varió gran cosa.

En los países occidentales hubo fuertes cambios políticos, como la descolonización, y socioeconómicos. La idea socialdemócrata de distribuir más equitativamente la riqueza, sin que desapareciera la polaridad ricos-pobres, se ha ido imponiendo con todos sus problemas y vaivenes.

Vino el colapso de la Unión Soviética, lo cual parecía indicar que la vía socialdemócrata tenía más validez histórica. El avance es lento, muy lento, pero se ha impuesto la idea de que un Estado intervencionista en la economía era la correcta para ir mitigando las distancias y los conflictos de "clase".

Prácticamente en todos los países del mundo existe esa intervención del Estado. En algunos es mucho más intensa que en otros, pero ahí está presente en innumerables aspectos y actividades.

¿Y Venezuela? ¿Sirve de algo este marco generalísimo para ver por dónde anda el país? Chávez ha planteado que Venezuela va hacia el socialismo del siglo XXI, que no es ni comunismo ni socialdemocracia. Cabe preguntar hacia dónde vamos dentro del sector de nuestro interés: la vivienda y el hábitat.

Libre mercado y ausencia de planificación en un polo y economía socialista con intervención del Estado y un alto grado de planificación en el otro polo.

Se puede constatar sin dudas que en vivienda y hábitat la planificación no existe entre nosotros. Casi se puede decir también que la intervención del Estado en el sector vivienda y hábitat ha sido nula.

¿Estamos sufriendo entonces de los perniciosos efectos del mercado en plena libertad? Pareciera que sí. Pareciera que en este sector estuviéramos en un régimen de capitalismo salvaje, ni siquiera en una estructura socialdemócrata. ¿Es así, es esto cierto? Es un tema que suscita hondas preocupaciones y que por su importancia capital bien merecería una amplia discusión. La inercia burocrática y la corrupción nos acogotan.

¿Cuándo habrá una fuerte sacudida?


Por un solo alcalde, pero con programas concretos

En la pelea que ya va a ponerse buena entre revolución bolivariana y oposición conservadora, se les reclama a los candidatos de la derecha manifiesta, disfrazada o hipócrita, que pongan sobre la mesa más programas de trabajo concreto y menos declaraciones abstractas.

Por lo que es bueno para la pava, etc., pero sobre todo porque los candidatos socialistas deben dar el ejemplo y establecer el modelo, es vital que ellos también comiencen a preparar sus programas de trabajo.

Es importante recordar que, a pesar del fracaso de la gestión del compañero Barreto –habrá que evaluar cuánto de ello se ha debido a la inoperancia de esa Alcaldía Mayor sin capacidad de ejecución y de planificación territorial–, sigue sin plantearse el problema grave de la ciudad de Caracas al garete y sin un organismo de planificación. Y crearlo es una tarea que le va a tocar plantear al compañero Aristóbulo, quien por otra parte tiene una amplia experiencia y una segura comprensión de la magnitud del asunto, por haber pasado ya por esas lides.

La Gran Caracas no puede seguir con esta multiplicación absurda de alcaldías y, sintiéndolo mucho por tantos aspirantes al poder municipal, grandes y pequeños, con razones o sin ellas, el destino manifiesto de la ciudad capital es tener un solo alcalde, democrática y ejecutivamente.

Y junto con él, un organismo integral de planificación. Es bueno que nuestros candidatos preparen el terreno.

Fundamentalismo conservador

Durante años, nadie se quejó de la presencia de la supuesta reproducción de una nao española en el Parque del Este.

Pero ahora, exactamente en el mismo sitio que se propone y se inicia un trabajo bien concebido, un buen proyecto con sentido histórico de verdad y con respeto ambiental, de un museo subterráneo bien inteligente y con un gran sentido didáctico, con una reproducción perfecta de un ícono importante para los venezolanos, entonces saltan las objeciones. El proyecto es absolutamente correcto y no altera en nada lo existente.

Más bien, le agrega valores indiscutibles, pero entonces se tumban cercas y se rasgan las vestiduras ideológicas.

Un fundamentalismo obsoleto ha reaparecido. Defender el pasado en todas sus versiones, sin medida ni juicio, sin sentido de proporciones. Un viento reaccionario ha vuelto a soplar.

No sólo aquí, donde se niega la construcción de una parada del BusCaracas en el Cementerio por "defensa del Patrimonio" (¡Vayan a ver cómo está el patrimonio dentro del Cementerio!), sino también en el exterior. En España, por ejemplo, acaban de tomar la estúpida decisión de destruir la excelente, didáctica y sensible reconstrucción del Teatro de Sagunto por los mismos pruritos fundamentalistas.

Decididamente, el siglo XXI empeora cada vez más. Hasta en eso, en la teoría y la práctica de la conservación.



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